Antes de comenzar la noche, ya todo estaba preparado. La música grabada resonaba estridentemente en los altavoces y un parpadeante juego de luces competía con los débiles rayos de sol que amenazaban con desaparecer. La Plaza del Fuerte esperaba la llegada de una de mis agrupaciones favoritas.
Por todas las calles de la ciudad comenzó un discreto desfile de personas que, poco a poco, invadió todo el espacio en espera del deseado acontecimiento. Y esta movilización no er
a en vano, pues una vez más llegaba hasta nuestra villa Arnaldo y su Talismán.
En junio del 2002 se escucharon los primeros temas de esta sonada agrupación: “Acelera’o” y “Tú me dijiste que sí”, fueron canciones que irrumpieron rápidamente en las listas de éxito de la Radio y la Televisión Nacional. Desde entonces escucho su música y siempre que sale un nuevo hits lo tengo entre mis preferencias.
Arnaldo Rodríguez, ese muchacho de Ceballos, siempre soñó con cantar y su sueño se ha hecho realidad, pero nunca ha olvidado sus orígenes y así lo demuestra una de sus canciones: “la luz del primer amor en la guardarraya/ el sabor a sal y guayaba/ mezclado con agua sucia de la cañada”, donde refleja sus años de adolescente en esta localidad campesina rodeada de naranjales. En este y otros temas nos trasmite valores y rasgos distintivos de nuestra sociedad, asediada cada vez más por la música extranjera.
Por el valor de su letra, por el ritmo contagioso y por esa sonrisa desbordante de alegría es que fui una más dentro del cúmulo de personas que derritieron sus cuerpos al compás de esta contagiosa agrupación, que dio muestras una vez más de que su popularidad está fundamentada.
Así, entre saltos, canto
s, bailes y risas transcurrió el tiempo sin darnos cuentas, hasta que llegó el momento del adiós. Arnaldo, su coro de bailarinas-cantantes y todos sus músicos se despidieron, pero nos dejaron su música y el sueño de que, aunque estemos perdidos, debemos seguir buscando un puerto donde anclar.
Para Arnaldo y su Talismán mi agradecimiento personal por visitar nuevamente Gibara.
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